Y si paramos un momento, como si el tiempo se pausara y desde ahí pudiéramos ver las hojas moverse por la brisa, lentamente, los rayos del sol iluminar las calles, fijándonos en el dibujo que hace en el suelo la sombra de los árboles.

Esas calles por las que solo pasamos sin fijarnos en los detalles, en los balcones y sus flores, en las pequeñas intenciones, apreciar las sonrisas, los gestos o la dedicación, como la señora de la tintorería que siempre es tan amable y los buenos días que nunca le faltan, en el frutero sacando las cajas al mostrador por la mañana temprano, con esa calma con la que coloca las naranjas una encima de otra, tan bien alineadas.

Esas sensaciones que vivimos y no sentimos suficiente, pararnos a apreciar la vida, los pequeños lujos que sí que tenemos, entre queja y queja de todo lo que trabajamos. Todo lo que nos cuesta, todo el esfuerzo que hacemos.

A mirarnos a nosotros en esa calma y apreciar lo que valemos, lo que hemos conseguido, todo lo que tenemos al lado, quién decide quedarse.
Respirar y cuidarnos.

Tranquila pequeña. Apaga todas las luces y enciende unas velas, siéntate en el suelo frío de la terraza, y para. Parar solo a mirarte con cariño.

He tenido un poco de compasión conmigo misma, sin exigencias.
He valorado un poco más todo lo que hago, y me he pedido disculpas por cuándo no me cuido.

En pausa, solo para agradecerme la vida, dejando a un lado esos «no tengo tiempo» o esos nervios que tanto me alborotan el estómago en forma de ansia o de prisas que a veces tenemos por conseguir las cosas.

En estos momentos es cuándo comprendo lo que a veces nos frustramos, los malos humores o las malas caras. Demasiadas cosas pensamos y demasiadas vueltas a todo.

Con la compasión de no analizar nada, me he perdonado por todo y comprendido el tiempo y su paso por la vida. De esas tantas vueltas que hemos dado y hasta donde hemos llegado. Que no es poco.

Estoy teniendo esa amabilidad conmigo, tan inspiradora como la esperanza.

Tal como la sutileza del tiempo de colocarte en tu sitio, de ese poder que tiene la vida de quitarte las ansias y el miedo, sin importar lo que tarde.

Aún que solo sea por un momento, ya no me molesta nada. Y si no dura tanto como quisiéramos estas sensaciones solo tenemos que volver a intentarlo, sin ser nunca la última vez que lo haremos.

Por que aquí, no nos rendimos.