Hoy iba a quedarme en casa, con esa sensación de entre semana, aún de vacaciones, feliz y sin queja. Pero con pereza y demasiaaaada calma.

Pff…

Una hora de transporte público y estás en la sierra Eva.

Venga, sin planes, a casa de mamá y a ver quién sale. Como cuando éramos pequeños que nos fundimos el telefonillo.

Bus, un temazo… Y ala!

Más feliz aún. Por qué cuando menos me apetecía venir hoy, os he visto a todos. O a casi todos, mis amigas de toda la vida, esas que me han visto llorar y reír como ninguna.. y.. sobre todo aguantad. Os echaba de menos!

Y a vosotros, mi familia, el pueblo, los de toda la vida, bbq tras bbq este verano…  Juan ha tenido un hijo, y el negro se ha casado! Joder!

No me cansaré de veros y mirarnos con la misma sonrisa y ese abrazo fuerte.

Nuestro tiempo es a ratos, pero es siempre.

Y ahora, que vuelvo a irme a apenas 45km de vosotros, ya os echo de menos.
Esa sensación de casa, de gloria. De tenerlo todo, aunque no tengamos  nada.

Como cuando ves el arte, aunque no lo haya. Que siempre lo hay.

Pues eso.

Con días como este, de haberme quedado en casa no habría sentido lo de ahora, no habríamos hablado, recordado y reído como hemos hecho hace un rato.

Y esta mañana estaba «aburrida», frikeando con la IA, reestructurando el feng shui de casa..

Menos mal que hemos entrenado la mente en la reflexión de cada cosa que nos pasa. Análisis inconsciente de emociones, por ejemplo.

Eso ahora y, escúchame aunque me estés leyendo. Agradece cada vez que la vida te dice que hagas algo, no te resistas porque todo todo todo en la vida pasa por algo. Solo tienes que tener en cuenta el corazón y recordar siempre que lo único que quedará de ti es como hiciste sentir a otras personas.

Recuerdalo siempre porfa, invierte y aprovecha el tiempo con las personas que quieres.

Honor y valor por la palabra.

Ahora, te vuelves a quedar en casa si quieres.